¡Qué me perdone la académica! Pido permiso para decir, es más, voy a arriesgar una tesis, es decir, un hipo de idea: "¡qué existen las universidades de la calle!" Que no se me enojen los profesores y maestros, pero algo de ésto ya lo dijo Don Leopoldo Marechal en su Adanbuenosayres, cuando besaba la frente de un amigo que decía que no iba a la universidad, y le dijo "Que dios te conserve así". Esto que parece un pensamiento antiacademisista, es un broma; pero las grandes universidad formatean en una manera de ver el mundo y luego se repite y acá andamos... Ésto que arriesgo, es algo que que se puede ver en la obra de Roberto Arlt, porque Arlt es una experiencia, una forma de andar, de habitar el suelo, de ver , como también lo fue Borges. A los muchachos de barrio les cuento, que en los años 1920 se había formado dos bandos para defender estéticas literarios, los muchachos de Florida y los muchachos de Boedo, cada uno con sus pormenores; la popular, de barrio, era la de Boedo, una literatura de fábricas y tangos; Y la de Florida, la de vanguardias y la “Inteligenzzia europeizada” como bandera, predicadores del arte por el arte, e insensibles a la injusticia social. Arlt, que tiene una literatura que viaja en transporte público, que está atento a las viditas del mundo, pues andaba como un etnólogo callejero, como lo hizo Levy Strauus en las selvas, pero él lo hacía en la jungla de asfalto. Registrando toda la flora y fauna de la Ciudad, que hay que decir, que para cuando él escribió, la ciudad estaba aún buscando su forma; pues esas flores o hierbas autóctonas que él registró, recién estaban buscando su lugar para florecer. Los años salvajes de las aguafuertes, parece que le sirvieron para dar con sus siete locos, sus personajes novelísticos, una especie de "casting literario", que luego se valió para contar su historia. Su trabajo fue una especie de "National geograpic", donde estaba atento de muchas formas de vida que hoy son especies en extinción, como los pandas, o muchas de ellas después de casi 100 años ya perecieron: "Filósofos de conventillo, los que prometen amor eterno y los que prometen amor transitorio, celosos que no han tratado a otras mujeres más que a su madre, diálogos de lecheria, el hombre que se ejercita con una franela para enflaquecer"....etc. etc. Esa manera de titular es poesía pura. Su sujeto era como el tango: "los cosos de al lao ". Uno se lo imagina a Arlt sentado en una mesa de café mirando y escribiendo con la ferocidad de un perro rescatando un hueso enterrado. Salvando esas historias, esas vidas. Eso es lo que hace este rescate propuesto por el profesor Marcos Mele, un salvataje total de estas crónicas, puede ser tomada como una invitación a unir estos dos mundos: el de la universidad y el de la calle. Una mezcla de lo universal con lo local, y en esa fusión, crear una síntesis, ofreciendo algo que no existia; que tal vez sean las universidades del conurbano, como una tierra donde habita lo hóspito, como también lo es América, dónde habita su capacidad de hospedar, de recibir a estudiantes que antes ni pensaban con la idea de ir a la universidad. Este rescate de estos personas perdidos, que con sus lenguajes particulares, están ahí viviendo, riendo y sufriendo, y nos enseñan que una vida, cuando se la observa, se la entiende mejor. Así como en los grandes museos, hay estatuas en homenajes a soldados sin nombres, esta colección, como una especie de museo portátil, traídos por la Universidad de Lanús, nos recuerda, que como cierra su poema "los justos" de Jorge Luís Borges, "Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo ". Arlt, diría: " en realidad están salvando el barrio..."
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