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Dieta de Bibliotecas

  DIETA DE BIBLIOTECAS   1 Ser gordo está mal visto. Al gordo solo le queda ser comediante, sino muere sin amor. Re mala onda.  Pero pienso en lo cultural. En los libros que uno fue acumulando, en las muchísimas películas y series, en ese acto de leer de a cinco libros a la vez y estar: ¡ávido de novedades!, como decía el Tincho Heidegger, pues decía que andar buscando “ lo new ” es tener una existencia impropia. Pienso en la biblioteca de los escritores. Paredes enteras. Algunos cuentan sus volúmenes. Tiran números. Pienso en donde van a parar esas bibliotecas cuando la vida se hace hincha de los atomos. Pero esa gula casi mecánica parece que la tenemos todos, sea el rubro que sea. Si te gusta correr, hay un mundo de zapatillas, relojes, shorsitos y demás chirimbolos más para vos. Tengo amigos que coleccionan películas que ni el celofán le sacan. Hay algo profiláctico en este gesto. La descargan, la ven en “buena calidad”, pero esas copias no las tocan. ¿Tendría que repl...

                                                              

Hace poco Hernán (mi mejor amigo que me dio la filosofía, tal vez lo mejor que me dio) me comentó que había cerrado el “Video Club Sur” de la calle Maipú en pleno centro de Banfield. Obviamente para un boludo como yo, que me estaciono en la melancolía todos los jueves, eso me dolió muchísimo. Lo  primero que hice fue no creerle (un creyente que se apoya en su fe ignata es duro de roer), pero me dijo: “Sí, hasta tiraron todos los VHS en un volquete. Y los cabeza´s sacaban la cintas y la enrollaban por los palos de luz y los semáforos”. Doble dolor. Una de mis pasiones además de los libros, son las películas. Como supondrán mi pieza es un paraíso. Al menos para mi: Libros y VHS. Pero la cosa es que cerró un cacho de historia en Banfield y me siento culpable. Yo también me prendí en la cómoda. Resistí varios años. Es más yo soy del otro lado de Banfield, y era socio de los videos Club cerca de casa: LE-AL (En la Calle Tucumán, era inmenso y la señora que atendía era un amor), y CINEMA (En la calle Vieytes, Donde atendía una piba con cara de pocos amigos pero muy buena cuando uno le daba charla). Al cerrar estos, solo quedaba en pie el gigante BLOCKBUSTER.

Yo me fui a vivir solo y minga al imperio, así que me afilié al último bastión de resistencia, mi Kamchatka: “El Video Club Sur”. Iba a alquilar películas y a pispear lo linda que estaba la que atendía. La iba a contemplarla en mute mientras me hacía que miraba las carátulas de las películas. Como quien miraba las porno que estaban en los estantes de arriba. Tenía dos amigos (Cheuen & Cunninghan) que al terminar la secundaría se fueron a estudiar cine, así que me llenaban de porongas y rarezas (Yo creía en sus gustos, y además quería aprender a ver cine. Cosas de pibe), que yo le pasaba "la lista" a la chica y al señor del video club. 

Que cierre me dolió como cuando cerraron el “Bar el Sol”, a una cuadra de ahí. Donde íbamos a tomar café con mi compañero Gaby Talco;  y una vez nos la jugamos con un amigo de la primaria (mucho antes) y fuimos a comer ahí ya que no queríamos ir al caretaje de Tiara y además te rompían el orto.
En el “Bar el Sol” pedimos milanesas con fritas. Sobrevivimos de pedo. Aceitosas como ellas sola. El aceita estaba desde su inauguración, mira lo que te digo. Ahora en ese lugar venden zapatillas y con parte del local abrieron una panadería careta, esas que les gustan a las viejas que van a pilates.

Uno por más que no vaya a ciertos lugares por “x” motivos, quiere que estén siempre. Que simulen una eternidad. Me pasa como cuando no escucho la radio por mucho tiempo,  y  la prendó a la medianoche y esta Dolina. Que alegría saber que esta ahí custodiando ese espacio. Una especie de guardián de todos esos años de alegría que me dio. De ir a verlo con amigos de secundaría (Godoy, Russo, Miguel y Bagnatti ) para verlo en vivo a Dolina.

Pero no. Es la Fatalidad del progreso. El tiempo parece ir solo para una dirección. Lo inevitable, lo lógico, la realidad es que no den las cuentas y todo se cierre. Que mal me ponen que cierren los boliches. Un alma menos en el barrio.
Pienso en la comodidad de los tiempos que corren y el haber tratado de salvarlo. Intentar alguno intento. Una especie de Romanticismo apurado para que no cierre un cacho de nosotros. Pero ahora sí es en vano.  
A modo de cierre, uso unas palabras escritas en un cartelito que puso Isidoro Blaisten cuando también cerró su librería en San Juan y Boedo, que me vienen justo. Esas dos palabras justas. Que no dejan de ser tristes a la vez: “Cerrado por Melancolía”

Pd: Quiero cerrar poéticamente. Pero no me sale. Tengo bronca y una especie rara de melancolía... La concha de la lora al progreso y la re mil puta, la comodidad, los DVD truchos, torrent, youtube, y la recaldacada concha de la lora otra. 

Adiós querido Video Club Sur!
                                               (el autor llorando desconsoladamente) 

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