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Dieta de Bibliotecas

  DIETA DE BIBLIOTECAS   1 Ser gordo está mal visto. Al gordo solo le queda ser comediante, sino muere sin amor. Re mala onda.  Pero pienso en lo cultural. En los libros que uno fue acumulando, en las muchísimas películas y series, en ese acto de leer de a cinco libros a la vez y estar: ¡ávido de novedades!, como decía el Tincho Heidegger, pues decía que andar buscando “ lo new ” es tener una existencia impropia. Pienso en la biblioteca de los escritores. Paredes enteras. Algunos cuentan sus volúmenes. Tiran números. Pienso en donde van a parar esas bibliotecas cuando la vida se hace hincha de los atomos. Pero esa gula casi mecánica parece que la tenemos todos, sea el rubro que sea. Si te gusta correr, hay un mundo de zapatillas, relojes, shorsitos y demás chirimbolos más para vos. Tengo amigos que coleccionan películas que ni el celofán le sacan. Hay algo profiláctico en este gesto. La descargan, la ven en “buena calidad”, pero esas copias no las tocan. ¿Tendría que repl...

_LA CONJURA DE LOS NECIOS de John Kennedy Toole

Siempre me dio risa eso de crítica de libros. Yo haría elogios de libros. Halagos. No se puede perder tiempo en lo que uno oida. Ya lo dijo Cabral y Arjona. “La conjura de los Necios”  fue la única novela que publicó John Kennedy Toole, que luego se suicidaría a los  32 años. Fue su madre quien paseó sus originales hasta que un editor logró publicarla, luego ganó un Pulitzer y hoy es una novela de culto.  Con un tono cómico cuenta la desgracia de un incomprendido: la historia de Ignatius Reilly , quien luego de pasar 10 años en la universidad quiere dar una guerra sin cuartel contra la sociedad occidental en decadencia. En esa batalla pírrica, va escribiendo en sus cuadernos pequeños tratados y reflexiones, sobre sus trabajos y sus luchas. Que son una tontería, cuando en realidad todo ese circo es aguantado por su madre. Que lo sigue tratando como un niñito, hasta que se lo hacen notar. Algo que nos recuerda la vida que llevamos muchos de nosotros. Vagos con ganas de escribir. 
Un cuaderno lo bautiza: “Diario de un joven trabajador o Adiós a la Holgaza”, anotaciones sobre las salidas de su pieza olorosa. A Ignatius se lo puede considerar como un vivo, pero en realidad son como eso amigos incomprendidos. Tal vez le faltó un golpe de horno en lo social. Por no haber visto todo, como lo hacía Polosecki.  
Todos piensan que es un loco, o un  vivo. Su madre lo aguanta, hasta que empieza a dudar por los comentarios de terceros y lo quieren llevar al psicólogo: “intentarán convertirse en un subnormal enamorado de la televisión y de coche nuevos y de los alimentos congelados ¿no comprendes? la psiquiatría es peor que el comunismo. Me niego a que me laven el cerebro ¡no seré un robot!”.
En su pieza lleva un cartel: “LA PAZ A CUALQUIER PRECIO”. Ahí reposa el guerrero. Están sus cuadernos apilados. La novela trata un poco de eso. De los hombres que en la vida con otros ojos, y los que insisten. Hombres que tal vez se armen un mundo de paranoias o persecutas, que nadie aguanta. Y la búsqueda sea dar con alguien más,  solo alguien más. Como le pasó a Nacho. 

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